Un bicho que no pide permiso

Texto de Renata Cervetto

Porque de eso se trata, de pintar.
Casi podría decir, sin temor a exagerar, que solo de eso.

Balthus, Memorias.

Amanece, que no es poco. Unos mates acompañan la preparación del taller, mientras una canción de Gabriela empieza a escucharse de fondo. Hay una disposición de pasar tiempo a solas con aquello que urge por salir y manifestarse. Mari lo identifica con una fuerza que la habita y la conduce todos los días a ese espacio, sin resistencias, lista para entrar en ese inframundo donde los personajes están solos con su sombra.

En las obras de Lula Mari, la oscuridad da lugar al acontecimiento. Capas en tonos ocres, azules o grises que, en sucesivas veladuras, generan ecosistemas de ambigüedad y extrañamiento. Ecos de la pintura manierista se hacen presentes por medio de cuerpos lánguidos y posturas complejas que buscan la devolución de miradas cómplices por fuera de la tela. Otros géneros de la pintura occidental - como interiores holandeses y naturalezas muertas del s. XVI - juegan a las escondidas con animales bicéfalos, manos que se cuelan intrépidas, y cuerpos mutilados por oleajes de pinceladas.

El efecto es tanto táctil como visual. La sensación de poder meter nuestros propios dedos dentro de ese fango en tonos amarronados, o sentir la suavidad de esas lanas que se enredan en ovillos infinitos puede conducir a un estado casi meditativo. Una condición que apela a la mera existencia y sus fuerzas opuestas; la penumbra y la luminosidad se despliegan con densidad envolviendo a cada personaje y objeto.

¿Qué estado interior nos devuelve el encuentro con estas pinturas? Estamos frente a un proceso irreversible de intimidad y autocontemplación. Las obras son mudas, decía Peter Schjeldhal, pero basta con una experiencia pictórica a consciencia para empezar a escucharlas. Esto es lo que propone Mari en sus “recitales”, apelando a una categoría que alude a la sonoridad pero sobre todo a la condición que le da lugar: el silencio. No es dando una respuesta, sino complejizando el interrogante de la pintura en sí, que la artista nos conduce hacia una desorientación lúcida y sensorial.

La elevación, el sigilo, la potencia. La entraña, lo informe, the guts.
Lo que no se traduce a este lenguaje.

Foto del autor: Renata Cervetto

Renata Cervetto

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